Lo que las plantas me han enseñado

Cuidar plantas me ha enseñado cosas que hoy aplico tanto en mi vida personal como en mi trabajo.

Nada de lo valioso florece en un día. Ni el amor propio, ni una relación sentimental, ni un hijo, ni la fe, ni una empresa.

Todo ello requiere amor, tiempo, trabajo, paciencia y constancia.

Pero también he aprendido algo más difícil: hay momentos en los que, para sobrevivir, no basta con sostener y hacer la misma receta. Hay que cortar de raíz.

En las plantas, eso significa cambiar la tierra, transplantar, poda total, moverlas de lugar, poner nuevo abono y volver a cuidar!

En una empresa, implica nuevas ideas, nuevos espacios, nuevos procesos.

Y en las relaciones, aceptar cambios —a veces fuertes— para que lo que quede sea genuino, sano y en paz.

No para destruir.

Sino para que algo pueda volver a florecer de verdad.

Al iniciar este 2026, vale la pena detenerse a pensar qué estamos cultivando.

Nuestros proyectos, nuestros vínculos, nuestra forma de trabajar y de amar.

La persistencia, la constancia y una ética del amor aplicada a todo lo que nos rodea deberían ser la base.

Porque nada de lo bueno y duradero florece por casualidad y sin amor. 

Primero hay que sembrar y cuidar para poder cosechar flores hermosas y frutos sabrosos en el futuro.

¿Y vos, qué estás construyendo este inicio de año?

¿Dónde estás sembrando hoy?


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